Comprendiendo cómo funciona su cerebro

¿De qué hablamos hoy?

  • Comprender cómo funciona y se desarrolla el cerebro desde la infancia, para identificar en qué fase o momento evolutivo se encuentra tu peque.
  • Detectar cuándo es el cerebro primitivo o el cerebro emocional el que está al mando (y no el cerebro racional, el de la calma) y algunas ideas sobre cómo actuar cuando esto ocurra.
  • Una forma sencilla de compartir toda esta información con tu peque para que pueda comprenderse y conocerse mejor a sí mismo/a.
  • 4 propuestas para encontrar y crear conexión.

Los cuatro ejercicios que te propongo para las próximas semanas:

1. ¡VAMOS A BUSCAR CONEXIÓN!

Durante, al menos, las dos próximas semanas, regálate 10 minutos al día de atención plena a tu peque. Es más fácil de lo que crees: mírale a los ojos, obsérvale, pregúntale qué está haciendo si ya habla o describe tú lo que ves que está haciendo si todavía no puede hablar (sentirá tu interés, tu presencia y tu atención). Párate a mirarle “con ojos de ver”, sin juicio y sin pensamientos. Simplemente observa para conocerle un poco más.

Coge una libreta (o si quieres las notas del móvil, pero a modo de escritura terapéutica, para tu cerebro siempre es mejor escribir a mano y en papel) y escribe una pequeña reflexión después de cada día: me ha gustado observarle o no, me he dado cuenta de que cuando se concentra frunce el ceño, cuando estoy sentada a su lado juega solo y cuando estoy lejos me busca, me estresa estar sentada sin hacer nada, el primer día le pareció raro que le preguntara y no habló mucho, pero después de unos días me lo cuenta con todo lujo de detalles… ¡lo que sea!

Hazlo durante las próximas semanas y, si te apetece, ve contándome (por email o por WhatsApp) cómo te sientes y si ha cambiado algo en ti y en vuestra relación.

 

2. LO MEJOR Y LO PEOR DEL DÍA

Es una propuesta para que haya más conexión entre tu peque y tú y con todos los miembros de la familia o del aula. Muy sencillo: se trata de buscar un momento cada día, al final del día, para contarnos qué ha sido lo que más me ha gustado (lo mejor) y lo que menos me ha gustado (lo peor) de mi día. Ya está.

Te prometo que es tan sencillo que parece mágico.

Esta es una actividad que les propongo siempre a todas las familias con las que trabajo y que a los pocos días ya me cuentan los resultados en cuando a una mayor conexión, confianza, comunicación, asertividad, capacidad de escucha y gestión emocional, entre otras. ¿Por qué

Porque podemos aprovechar el momento de la cena o de justo antes de dormir (o a modo de ritual de despedida antes de que finalice el día en el aula), para prestarnos atención de verdad y para conocernos mejor.

Pasos a seguir:

Por turnos, cada uno dice qué es lo que más le ha gustado y lo que menos le ha gustado de su día.

  • Si estamos en casa, vale cualquier cosa (cole, casa, parque… ¡lo que sea!).
  • Si estamos en el aula, podemos poner de condición que sea algo que nos haya pasado en el cole.

Si queremos, podemos contar también el porqué y cómo nos ha hecho sentir.

Por ejemplo: “lo mejor de mi día ha sido cuando he llegado a casa y habéis venido los dos corriendo a abrazarme porque os he echado mucho de menos y vuestros abrazos siempre me hacen sentir bien” o “lo peor de mi día ha sido cuando había un atasco para llegar al trabajo y eso ha hecho que llegara tarde, porque me gusta ser puntual y el atasco ha hecho que me ponga muy nerviosa”.

Escuchamos lo mejor y lo peor del día de los demás.

 

Importante a tener en cuenta:

Es importante que evitemos hacer comentarios sobre lo que nos cuentan los demás, más aún si van a servir de crítica o los utilizamos para juzgar (aunque no sea esa nuestra intención). Simplemente escuchamos.

Por ejemplo: evita decir “claro, lo peor de tu día ha sido que te regañara para que te fueras a duchar… a mí tampoco me gusta regañarte, pero si no quieres que vuelva a pasar ya sabes lo que tienes que hacer, me haces caso y listo” o “¿Ves? Lo mejor de tu día ha sido ir al parque y hemos ido porque te has portado muy bien, así que pórtate así de bien más días y volveremos a ir al parque”.

Como adultos, y sobre todo al principio, poneos como norma que “lo malo” o “lo peor del día” tenga que ser algo de fuera de casa y que no tenga que ver con los peques. Esto es porque, sin querer, podemos convertir el juego en un momento de reproche y desconexión en lugar de todo lo contrario.

Eso sí, deja que tu peque sea libre de decir lo que quiera (es decir, no le pongas esta última norma) porque lo que queremos es que sienta que puede expresar con confianza lo que siente y que no va a ser juzgado por ello, porque es lo que nos permitirá conocerle mucho más y decidir cómo actuar en esas situaciones que menciona para resolver los conflictos de una forma mucho más amable y que nos haga sentir mejor a todos.

Ese no es el objetivo de este juego, con este juego buscamos confianza y conexión, si lo utilizamos para reprochar, intentar controlar sus conductas o echarles cosas en cara no van a querer jugar más (no van a querer hacer algo que les hace sentir mal) y tendremos justo el efecto contrario al que buscamos.

Como antes, hazlo durante las próximas semanas y, si te apetece, ve contándome (por email o por WhatsApp) cómo te sientes y qué has ido notando.

 

3. FUENTES DE FORTALEZA

Piensa en tres momentos de tu infancia que recuerdes fácilmente y en los que, como niña, te sentiste muy bien: segura, tranquila, querida, cuidada… Escribe esas escenas en un cuaderno o en un papel con todo lujo de detalles: ¿Con quién estabas? ¿Qué pasó? ¿Qué hizo el adulto o los adultos que estaban contigo? ¿Cómo te hizo sentir y por qué?

Déjatelos a mano, si quieres en la mesita de noche, y vuelve a pensar en ellos y a leerlos cada noche durante las próximas dos semanas. De ahí sacarás más fuerza y energía para ser cada día, con tus peques, tu mejor versión.

 

4. EL CEREBRO EN LA PALMA DE LA MANO

Con palabras muy sencillas, como te explico yo en el vídeo, dale a tu peque una herramienta comunicativa, una forma de explicarte cuándo se siente bien y cuándo se siente mal, incluso cuando aún no sepa encontrar las palabras.

Esto ayudará a mejorar la comunicación y a evitar muchas frustraciones porque, la mayoría de las veces, simplemente no sabe explicarte lo que está sintiendo.

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