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Mientras, por si te apetece leerme, déjame que te cuente algo más personal:

Desde hace ya un tiempo (quizás todo se ha hecho mucho más fuerte a raíz de la pandemia, aunque antes también había un poquito de todo esto dentro de mí), me estoy dando cuenta de lo importante y necesario que es que nosotras mismas, profes y mamás, las personas adultas, trabajemos en desarrollar nuestra Inteligencia Emocional para poder cumplir ese objetivo de desarrollarla en nuestros niños y niñas.

Creo que todas las que llegamos hasta aquí, a esta Newsletter, somos conscientes de la importancia que tiene que nuestros peques aprendan a identificar y gestionar sus emociones. Muchas de vosotras me preguntáis a menudo a través de las Redes Sociales por cuentos, actividades, propuestas o juegos para desarrollar la Inteligencia Emocional. Yo también lo hago y estoy constantemente buscando nuevas herramientas para trabajar con los peques. Y sí, es algo muy importante, aunque de poco sirve si no la vamos desarrollando nosotras también. Porque nos quedaremos en lo superficial, pero no sabremos acompañar lo verdaderamente importante.

Si me conoces desde hace poco, quizás no sepas esta historia: cuando salí de la Universidad y empecé a trabajar en una escuela, hace ya unos cuantos años, iba repitiendo patrones basados en el control y en la modificación de conducta, sintiendo un amor incondicional por los 40 peques que en ese momento tenía (era la profe de apoyo entre dos aulas de 2-3), pero sin llegar a ser consciente de todas sus necesidades.

La verdad, es que tampoco sabía muy bien qué hacer… En la Universidad me habían enseñado a diseñar programaciones y unidades didácticas, pero poco más. Una asignatura en cuatro años sobre psicología de la educación (totalmente basada en el conductismo) y alguna mención breve al desarrollo socioafectivo del niño, sin profundizar mucho más.

¿Por qué todas las ideas que tengo no funcionan? ¿Por qué me cuesta tanto conectar con ellos a pesar de que nos queremos un montón? ¿Por qué no están tranquilos y hacen caso de una vez? ¿Por qué lloran por todo? ¿Por qué se pegan? ¿Por qué se muerden? ¿Por qué…?

La realidad es que no era tan sencillo como me lo habían pintado.

Al mismo tiempo, daba clases particulares por las tardes a varios niños y niñas de primaria y de secundaria y me daba cuenta de que el problema principal no era que no entendiesen los contenidos, era que no entendían para qué necesitaban aprenderlos… ¡Era un problema de motivación!

Ahí empezó mi andadura para especializarme en Educación Emocional y en psicología infantil y juvenil (no soy psicóloga, aunque sí he estudiado mucho sobre psicología aplicada al aula y a la infancia) y, cuanto más aprendía, más sentía que necesitaba aprender. Descubrir el Mindfulness, la Disciplina Positiva y el desarrollo de la Inteligencia Emocional ha supuesto un antes y un después en mi vida.

Aunque, sin duda, el punto de NO RETORNO fue cuando entendí que nada de lo que aprendiese aplicado a la infancia me iba a funcionar al cien por cien si no me lo aplicaba antes a mí.

Quien me conoció hace 6 años no tiene ni idea de la persona que soy ahora. Ha sido una transformación enorme y maravillosa, para bien. He aprendido mucho, he crecido mucho, he adquirido nuevos valores, sé relacionarme mucho mejor con los demás y (mucho más importante) conmigo misma. Ahora sí me reconozco y vivo en paz. Estoy cada día más cerca de ser la persona que quiero ser. Y, como consecuencia, me frustro mucho menos, tengo mucho más amor que dar, soy capaz (casi siempre) de controlar mis reacciones y mis impulsos emocionales, gestiono muy bien lo que siento y consigo entender lo que perciben los peques en cada situación. Me voy conociendo mejor y sigo creciendo día a día.

Así, como me han dicho muchas veces, “es que tú nunca te enfadas”, “claro, para ti es muy fácil, como tienes mucha paciencia” o “parece que vas flotando”¿Por qué? Porque mantengo la calma ante situaciones difíciles o muy estresantes con los peques (cuando no hacen caso, cuando se suben a la mesa una y otra vez, cuando no quieren compartir, cuando lloran todo el día por “tonterías”, cuando se pegan, cuando se les escapa el pis, cuando no paran de gritar, cuando se pelean entre ellos, cuando se insultan, cuando “me retan”, cuando no paran de llamar la atención… y un sinfín de situaciones más que se me vienen a la mente y estoy segura de que a ti también…) y porque ahora sí creo que mis relaciones con la infancia se basan en el respeto mutuo, en la consciencia, en la comprensión y en aprender de ellos de la misma forma que ellos me aprenden a mí.

¿POR QUÉ TE CUENTO TODO ESTO?

Porque llevo ya varios meses acompañando a familias y a profes de infantil y primaria en este proceso y veo que nos faltan herramientas y que la mayoría de los problemas que tenemos en nuestro día a día (y que tanto nos frustran o nos hacen sentir mal porque no sabemos cómo abordar y lo acabamos haciendo “de la peor manera posible”) se deben a una falta de inteligencia y desarrollo emocional. En el adulto.

Así que quiero que me acompañes y que me dejes acompañarte en esta parte tan importante y tan olvidada de la educación que es el crecimiento personal y el desarrollo emocional de la persona que cuida y educa. Y me ha surgido una necesidad:

Porque he decidido que necesito compartir contigo, si te apetece, una Newsletter Diaria, muy cortita cada día, en la que contarte mis reflexiones, pensamientos o experiencias más personales sobre emociones, desarrollo personal, crianza y educación. Serán pequeñas confesiones o conversaciones entre amigas.

Ya son muchas las mamás y las profes que me acompañan cada día a través de esta pequeña aventura y cada día recibo email diciendo:

  • “Me encanta lo que escribes, me ayuda a conocerme y a aceptarme mejor”
  • “Leerte cada noche es mi ratito de autocuidado”
  • “Ahora entiendo que lo que me pasa es normal, que no lo estoy haciendo tan mal y tengo más herramientas para gestionarme”
  • “Transmites mucha tranquilidad y serenidad en tus mensajes, me gusta leerte, es como leer el siguiente capítulo de un libro”

¡Tranquila! Si ya te estás agobiando pensando en que voy a empezar a bombardearte con emails cada día, no te preocupes porque recibirlos será totalmente opcional.

Si prefieres quedarte como estás y recibir un email semanal cada domingo, no hagas nada nuevo y el próximo domingo me tendrás otra vez en tu bandeja de entrada con nuevas ideas, reflexiones y herramientas para educar mejor.

Pero si te apetece venirte conmigo a ese ambiente más íntimo y personal, tan solo tienes que dejarme aquí tus datos para poder añadirte a la nueva lista (por supuesto, podrás darte de baja cuando quieras).

De nuevo, gracias por leerme.

Gracias por estar aquí.

Sara, estoy deseando recibir esos emails

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